Que más quisiera, hijo mio, pero este pobre father ya no está para muchos trotes por esos mundos paganos, verdad. En cuanto a ti, ya sé por las hermanitas del convento que por fin has abrazado la vida de recogimiento y oración, alejada del desenfreno al que te llevaba tu conducta desordenada, y por qué no decirlo, un poco desmelenada, verdad hijo mío. A ver si te pasas un dia por el confesionario y me traes una cajita de esos dulces tan ricos que hacen las hermanitas pasteleras de tu convento.